Cuento verde

Cuento verde

A veces parece que la vida es una alucinación. Al menos eso sintió Ruiz, el jefe del informativo del canal del pueblo. No era para menos, la irrupción del Gordo Vergara en el micrófono le arruinó la siesta.

Siempre leyó las noticias como un locutor, sin emitir opinión, salvo que figurara en los apuntes o alguna que otra acotación obvia.

Un tipo puntual, previsible, con la corbata bien anudada y los zapatos lustrados.

Su trayectoria periodística se parecía más a la carrera militar: antigüedad, seriedad, disciplina.

En lo personal, era un introvertido, de hábitos rutinarios, casi obsesivos.

Su tiempo libre lo compartía con su madre, su jardín y los peces. No se le conocía ninguna novia y eso para un hombre soltero de más de cuarenta era fatalmente sospechoso para los vecinos.  

El caso, es que el gordo no generó demasiada empatía y no se le conocían amigos. El único que lo visitaba era el gordito Parodi, ex compañero de la secundaria y un sobrino, tenían la misma pasión: coleccionaban muñequitos y películas de la guerra de las galaxias. Eran los Nerds del colegio, porque eso sí hay que admitirlo, eran raritos pero estudiosos.

Desde la escuela primaria sufrieron burlas de sus compañeros por su obesidad y su torpeza para los deportes.

Tampoco los invitaban a las fiestas de quince años de las chicas.

Los dos estaban marginados, pero en el caso de Vergara, era voluntario y no lo sufría.

Compartían el interés por la lectura, la música clásica y por supuesto por la comida. Pero lo que definitivamente los hermanó, fue la pasión por Star Wars, algo que cultivaron siempre.

En la habitación del gordo, convivían los personajes, las criaturas y los androides de la guerra de las galaxias: BB-8, Boba Fett, Conde Dooku, Chewbacca…

El único admitido en el museo Star Wars de su habitación, era su amado sobrino, hijo de su hermana mayor divorciada y con trastornos depresivos severos, que la llevaron a su internación y prácticamente le delegó la crianza de Pepito. Era la debilidad del Gordo, que en sus viajes a Buenos Aires le compraba juegos de magia y videogames.

También amaba el ballet y era un asiduo espectador en el paraíso del Teatro Colón.

Su refinamiento y su carácter reservado, lo convertían para una minoría en alguien misterioso y más popularmente en un gordito puto, gay para los más progres.

Sin embargo, su voz microfónica, su buena dicción y su prolijidad, lo convirtieron en el lector de noticias del canal.

Lo que no se comprende, es como un hombre de estas características pueda cambiar.

Desde la cabina de control se daban instrucciones:

-Vamos. Son cinco avisos de pesticidas. Después vas vos Marisa, terminen con el maquillaje. Primero los agradecimientos, el pronóstico del tiempo para el finde y después va el gordo con la actualidad.

Marisa estaba consciente de su protagonismo, por el parte meteorológico, porque después generalmente la teleaudiencia cambiaba de canal. Al menos hasta ese día. Después en tono formal presentó al periodista Gerardo Vergara.

Ese mediodía cuando se encendió la cámara, el Gordo  arremetió como un toro:

-Buenos días, la población de esta ciudad está enferma y con peligro de cáncer y muerte por las emanaciones tóxicas de las fábricas de la Corporación del Sur. No es fácil ir a vivir a otro lugar, además esta es nuestra casa y aquí están nuestras familias. Sin embargo sabemos que la contaminación provoca trastornos alérgicos, respiratorios y es causa frecuente de cáncer. La pregunta es ¿porque no exigimos que cumplan con las condiciones de seguridad industrial y permitimos que nos maten?

– Manden una tanda de publicidad urgente! le gritó Ruiz al operador, ¡saquen este pelotudo del aire! Nos va a dejar sin avisadores!.

El Jefe de noticias estaba rojo de ira:- ¡Vergara seguime!

La orden fue obedecida en silencio por el gordo, mientras Marisa retomó el control, comentando imágenes de la separación de Angelina Jolie y Brad Pitt, una de esas noticias que revelan que no somos nada.

En la oficina del Jefe, sólo tronaba su voz, mientras Vergara escuchaba pacientemente la descarga eléctrica de su superior.

 -Veinte años aquí, para que vengas vos, nada menos que vos, a patear el tablero y nos prenda fuego ¿quién te pagó para que armaras este quilombo?

– Vergara, estuvo tratando de no reaccionar, hasta ese momento y respondió secamente:- Yo no estoy a la venta.

–  ¡Pero por favor!…¿No te avivaste que lo único que interesa del Noticiero Local es el pronóstico del tiempo y después las minas que se quedan en las casas ven programas de chimentos de Buenos Aires?…¿y ahora qué vas a hacer, vas a ir a cuidar el jardín y los peces y a bordar con tu mamá? ¿O no sabes que los principales avisadores del canal son las fábricas que denunciaste?… aquí no hay Martín Fierro, ni Pulitzer, pensás que alguien en Buenos Aires va a levantar lo que dijiste?

Suena el teléfono y Ruiz respira profundo antes de atender: – Si señor, estoy tan sorprendido como usted… No todavía no me dijo quien le pagó…Estoy en eso…Quédese tranquilo, ya pusimos el divorcio de Brad Pitt…Seguro señor son años de periodismo…Gracias señor por la confianza.

Después de otro suspiro y de tomar una pastilla, lo miro a Vergara en tono  conciliador: -¿te das cuenta el quilombo que armaste? No te puedo cubrir. Pero un consejo: renuncia, andate por la puerta grande.

Vergara suspiró:- Ya terminaste? ¿Que me vaya por la puerta grande, sin indemnización? Ahora el pelotudo sos vos. Preparen la liquidación o inicio  juicio.

Ruiz no lo podía creer. El gordo había dado el portazo. Quince años en el Notilocal tirados por la ventana. -¿Pero con quien arregló este hijo de puta?

El teléfono nuevamente: – A Doctor como le va….¿Pero qué me dice de este insolente?….Y si, comparto con usted, lo mejor es que no nos acusen de limitar la libertad de prensa y además si se mete el sindicato, válgame Dios….Claro fueron dos minutos en el aire, pero si el Gordo sigue…La macana es que tiene quince años de antigüedad…Si es lo mejor, lo llamo para que se presente mañana a retirar la liquidación, le pagamos y chau Vergara, la semana que viene nadie se acuerda de él…Perfecto Doctor, gusto de saludarlo, mis respetos a su padre.

El canal quería evitar un juicio laboral y que en época de elecciones algún oportunista saliera con el tema de la libertad de prensa.

Al día siguiente Vergara cobró su liquidación. Ruiz le preguntó que iba a hacer a partir de ahora y el Gordo se limitó a sonreir.

Asunto terminado suspiró Ruiz. Ahora que se dedique a tomar mate con la viejita, a cuidar el jardín, los pececitos y a jugar a star wars…

Pasó una semana y el tema languidecía como era previsible. Ruiz siempre decía que no había nada más viejo que una noticia del día anterior.

Políticos procesados por corrupción, curas pedófilos…¿a quién carajo le interesa un gordito que leía las noticias? ya es historia.

Pero la sentencia de Ruiz fue superada por los acontecimientos. Los medios nacionales comentaban la solicitada publicada por el periodista Vergara en el diario de mayor circulación, denunciando a las fábricas del sur por contaminación cancerígena y aclarando que por ese motivo se produjo su despido. Destacaban además que la totalidad de su indemnización se había destinado a ese fin.

Hubo muestras de solidaridad de los colegas, del sindicato y notas en casi todos los programas periodísticos de televisión y radio.

Vergara respondía con claridad: mucha gente padece enfermedades respiratorias y cancerígenas y muchos han fallecido por las emanaciones tóxicas de las fábricas del Sur. No proponía eliminarlas porque eran fuente de trabajo, sino que se respetaran las normas de seguridad industrial, que no se cumplían para evitar gastos. Es la codicia a costa de la salud de la gente.

El Gordo se convirtió en un personaje. Partidos políticos, centros de estudiantes y hasta movimientos ecologistas hablaban de su coraje y su integridad.  

Los dueños del Canal no tenían claro que pretendía Vergara. Finalmente se reunieron con el directorio de las Fabricas del Sur y decidieron contratar un estudio corporativo. El titular era el Dr. Samuel Sonite, para los amigos simplemente Sam.

Era un abogado mediático, con más horas de televisión que de tribunales y una fuerte personalidad.

Estaba claro que Vergara no se vendía por cuatrocientos cincuenta mil pesos o bien pretendía mucho más o sus quince minutos de fama. Es posible que además de dinero buscara una salida elegante.

Sam trabajó en una propuesta que contemplaba cualquiera de esas hipótesis, pero naturalmente limpiando la imagen de las fábricas del Sur.

Con una oferta sustancialmente superior, decidió convocar al Gordo en compañía de su abogado.

No la tenía fácil, el Gordo era un tipo muy reservado y tenía que generar un clima para obligarlo a reunirse con él. Pero Sam sabía presionar……..

Vergara aceptó la invitación y se presentó con su letrado, pero además su sobrino dilecto, José Vergara, reciente egresado de la universidad de la ciudad.  La juventud de Pepe, como lo llamaban todos en el pueblo, no se disimulaba por una barba incipiente.

La hotelería del estudio era cinematográfica y una de las secretarias los acompañó en un largo viaje al despacho de Sam y les ofreció café.

Después de un intercambio de trivialidades, Sam los invitó a entrar en materia.

Pepe tímidamente, dijo que su tío, después de muchos años de trabajo, no había sido tratado con respeto en el canal y que eso precipitó la situación.

-Lo comprendo, acotó Sam, este Ruiz tiene la delicadeza de un elefante en una cristalería.

-Les agradezco mucho que hayan venido y me permito hacerles una propuesta, si están dispuestos a escucharla. Los dos invitados se miraron y asintieron con la cabeza.

-Está claro que tenemos que llegar a una razonable composición de  intereses y naturalmente con una retribución que justifique el tiempo de todos.

Un juicio largo va a ser un enorme desgaste para ambas partes. No estoy diciendo nada que seguramente el colega desconozca.

Les propongo celebrar una audiencia pública y televisada, con un jurado de vecinos, como una especie de audiencia preliminar, pero naturalmente con la conducción de un juez de esa ciudad.

La idea es que los ingenieros exhiban un sistema que respete las normas de seguridad vigentes y que incluso, hagan una demostración práctica.

Usted, como hombre de buena fe y periodista íntegro, trató de que se llevara adelante esta investigación y las Fábricas del Sur hacen propicia la oportunidad para brindarle garantías a la ciudad y se comprometen a no iniciar ninguna demanda en su contra.

Trasladé mi inquietud al cliente y en caso de que ustedes estén de acuerdo, cobraría dos millones de pesos y el veinte por ciento de honorarios para su abogado. La empresa no quiere publicidad adversa en un año electoral, sabemos que después estos temas pierden interés. Si les parece bien, firmamos este acuerdo y les entrego los cheques certificados. Por supuesto, incluye un convenio de confidencialidad. Si necesitan de los servicios de alguna financiera o cooperativa para no cobrar los cheques directamente, desde ya quedo a disposición, conozco la gente indicada.

El joven Vergara tomó la iniciativa: -Seamos francos Doctor, yo no puedo litigar con usted, es demasiado para mí  y no quiero hacer un papelón.

El gordo sonrió con ternura por su sobrino y ahijado, gran parrillero, mago  y animador de los cumpleaños de la familia, reducida a su madre, su tía y su mejor amigo coleccionista de star war.

El ego de Sam, quedó visiblemente halagado:- No se subestime colega, la humildad es una lección de sabiduría y Buenos Aires es una feria de vanidades. Usted es un soplo de aire fresco. Lo que tenemos por delante no es un litigio, usted haga un alegato ecológico y fiscalice la demostración. El tema se termina ahí y nos evitamos un juicio eterno. .

Sam tenía una oferta de hasta cinco millones y una audiencia televisada con éxito asegurado, con todo lo que eso significaba como promoción para su estudio. Había cerrado un excelente negocio personal.

Cuando se retiraron, Sam comunicó a la empresa que los pajueranos habían firmado. – Ya cerré el acuerdo con los Vergara. Nosotros ponemos los testigos, el jurado y la prueba técnica. Ellos se van a limitar a un trámite formal para justificarse.

En los diarios locales, el gordo y su sobrino, aparecían caricaturizados como Batman y Robin

En términos pugilísticos, todo presagiaba una pelea desigual y en la radio de la ciudad, algunos programas con sentido del humor hacían sonar la música de Rocky en la piel del gordo. En el otro rincón, el Dr. Sam Sonite, conocido por sus casos resonantes y sus frecuentes apariciones mediáticas.

La audiencia se abrió con pompa y el juez recordó que era una gran responsabilidad que el jurado popular defendiera la salud de la ciudad y destacó que las fábricas del sur se sometieron voluntariamente a ese proceso para brindar las garantías necesarias a la salud de la población. En caso de que no asegurarse tales condiciones, se debía abrir el juicio correspondiente contra las sociedades del sur y contra los funcionarios públicos por no haber ejercido los controles correspondientes. Dicho esto, el viejo juez bajó el martillo y concedió la palabra al Dr. Vergara.

 El joven abogado se puso de pie y en tono monocorde empezó a exponer:

-Las industrias del sur contaminantes. Tanto las industrias del cloro, las plantas de PVC y pesticidas, se caracterizan por la contaminación de dioxinas y mercurio. Son sustancias persistentes y con tendencia a bioacumularse en toda la cadena alimentaria y aumenta en los eslabones superiores donde se encuentra el ser humano…

La televisión nacional, consciente de que el discurso no despertaría mayor interés en la audiencia, interrumpía con avisos, esperando la intervención brillante de Sam.

El tema se relantizó con la mención de los Acuerdos Internacionales y la capa de ozono y reaparecieron inmediatamente los avisos.

-…En una palabra señores del jurado y señor juez, nuestra pretensión es  que en caso de que en esta instancia no se pruebe que se practican los controles y las normas de seguridad,  se inicie el juicio correspondiente por daños a la salud pública y al medio ambiente. Estamos aquí para defender la vida.

La última frase provocó un silencio profundo. El gordo y su sobrino se abrazaron y provocaron cierta empatía en la audiencia.

Ahora las cámaras eran para Sam. Con un manejo absoluto de la escena, agradeció la palabra concedida por Su Señoría y empezó su actuación.

-Quiero felicitar a mi colega por su brillante exposición. Comparto la preocupación por el medio ambiente y los posibles daños a la salud. Podríamos googlear un sinfín de comentarios sobre daño ambiental y sobre normas de seguridad, ¿verdad colega? Pero qué agregaríamos, sólo somos abogados.

El Dr. Vergara sintió la mirada irónica de Sam, del jurado, del público y de las cámaras.

-Muy bien, si Su Señoría lo permite va a ingresar a la sala, un ingeniero de las fábricas del sur, con un equipo que va a demostrar cómo la Corporación preserva el medio ambiente.

El juez autorizó y el ingeniero empezó a explicar el funcionamiento:

-Buenos días señor Juez y señores del jurado, con su permiso: Esta turbina envía los materiales tóxicos a esta cabina de vidrio. Como podrán comprobar la planta dentro de la maceta y el pez en este recipiente no sobrevivirán. Ahora veamos esta otra cabina con el filtro para control de emisiones tóxicas, que es el que utiliza la empresa: también hay un pez y una planta. Invito a los abogados a ingresar a las cabinas para verificar que todo esté en orden.

Sam decidió subir la apuesta:-Su Señoría. Para mí, no se trata de un caso más, es un compromiso moral. Si me lo permite, quiero agregar en la cabina con medida de seguridad mi propio vaso de agua, para beberlo después de la prueba.

El juez asintió. El jurado y la teleaudiencia quedaron profundamente impresionados por la actuación de Sam que concentraba toda la atención del público presente y de las cámaras, como si Vergara y su sobrino no existieran. Nadie se distraía con ellos.

Todo era una escenografía montada, con una cabina que sólo emitiría aire puro. Claro que había sido aceptado previamente por el gordo y su sobrino. Aun así ambos abogados ingresaron a la cabina y al salir prestaron su conformidad y se estrecharon cordialmente la mano para las cámaras.

Se cerraron las cabinas y la turbina empezó la supuesta emisión tóxica, pero no se observaba la misma nube oscura, que en la anterior había arrasado con todo. Todo indicaba que el filtro de seguridad había funcionado convenientemente.   

Para sorpresa de todo el auditorio, cuando ambas turbinas dejaron de funcionar las cámaras y los ojos del jurado, presenciaron la escena en directo del pez que flotaba sin vida en la superficie y de la planta que también había pasado a mejor vida.

Las cámaras giraron a las caras desencajadas de Sam, el presidente de la Corporación y seguían con el juez y el jurado.

En medio de un profundo silencio, el joven Dr. Vergara pidió la palabra y el juez la concedió.

-Señor Juez, para completar la prueba invito al colega a tomar el vaso de agua.

Sam enfurecido, pidió explicaciones al ingeniero, que no comprendía lo sucedido. El Presidente de la corporación vociferaba: ¿Pero qué es esto?

Sam no aceptaba una derrota y menos televisada y decidió ir por todo: – Señor Juez y señores del jurado. Esto es una maniobra despreciable y ahora lo voy a demostrar. Estos señores Vergara, si es que así se les puede llamar, recibieron dos millones de pesos y su sobrino cuatrocientos mil pesos de la Corporación para aceptar esta audiencia. Las fábricas del sur sólo aceptaron pagar esta coima para ponerlos en evidencia, porque está todo filmado. Por eso, no nos cabe duda que ha existido una trampa con la prueba que vamos a investigar.

El Juez tomó la palabra: -Orden en la Sala. La acusación es sumamente grave. Doctor Vergara, ¿tiene algo que decir al respecto?

-Así es Señor Juez. Este es el microfilm del Banco de la Provincia, que acredita que los dos cheques recibidos por mi tío y por mí, fueron endosados al Hospital de la Ciudad para que los destine al pabellón de oncología, para todos los afectados por las emanaciones tóxicas. Tomamos la oferta, como una reparación inicial de la Corporación del Sur. Si esto responde a su pregunta Su Señoría, solicito que el jurado vote si la causa se eleva a juicio.

Con la venia del Juez, el jurado pasó a una Sala Privada a deliberar.

Finalmente todos fueron convocados al Tribunal para escuchar la decisión: el jurado decidió abrir el juicio. Los titulares de la Corporación, se fueron sin hacer declaraciones. Sam Sonite, no podía dejar de preguntarse qué era lo que buscaba ese dúo de impresentables.

Tío y sobrino se colocaron sus cascos y se alejaron en una moto.   

En la puerta de la casa varios vecinos saludaban con admiración al periodista y al abogado, transformados en los nuevos créditos locales.      

Se acercaron algunos políticos oportunistas en campaña para aparecer en la foto.

Los héroes se despidieron y entraron a la casa, donde fueron agasajados por una raviolada con estofado y un buen malbec, que compartieron con su entrañable amigo el Gordo Parodi, el otro coleccionista de stars wars. Ninguno pensaba asomarse a la calle hasta el día siguiente.

Cuando la tía trajo una botella de champagne, el Doctor Pepe la destapó.

  • Pero ¿dónde están las copas? – preguntó la tía.

Pepe colocó las manos sobre la cabeza de cada uno y mágicamente aparecieron:-voila.

El Gordo Parodi festejó el truco:-Vos deberías dedicarte a la magia, en lugar de ser abogado.

-Eso hago dijo Pepe.


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