Prevención

Prevención

 

La prevención ante todo

—Mamá, ¿por qué te miras tanto?

—Porque siempre hay que revisarse, mi amor.

— ¿Y qué te revisas? Ahora ya soy grande, y me podés decir de dónde viene.

—La última vez que preguntaste fue hace dos días, y seguís teniendo la misma edad hija. Pero te voy a responder lo que te respondo siempre.

—Me encanta escucharlo.

—Hubo una vez, en un planeta muy lejano una muchachita despistada y descabezada.

— ¿Y qué le pasó mami?

—Olvidó que tenía piel. Seguramente pienses que es extraño… extraviar del pensamiento algo tan particular y esencial como la piel, pero es posible cuando te olvidas de dar abrazos. Primero que nada quiso reemplazar el calor humano por el del sol, se expuso a su belleza y entonces…

— ¿Y entonces qué? No hagas esas pausas dramáticas —Ámbar estaba ansiosa por saber.

—Y entonces fue desapareciendo de su memoria, empezó a cambiar la lista de prioridades. Como ya sabemos en éste pueblo llamado “no tenemos cuerpos” las personas viven sin preocuparse por nada, rechazan a la biología de sus estudios y alaban las posibilidades, las conjeturas y sobre todo a algo llamado suerte. Juegan con ella y hasta hay días que no se alimentan. Con tal de seguir las reglas incoherentes, se descuidan e inmolan, se entregan a la rutina y viven inmersos en la socialización, hablan de pagar los impuestos, conseguir aumentos y sobre todo de ganar dinero. Así es como la piel va padeciendo diversas frustraciones, todos quisieron creer que ella no tiene sentimientos. Que no percibe el descuido ni la indiferencia, y así poco a poco, como una vela consumida va muriendo. El día en el que la muchacha más bella del pueblo olvidó que tenía piel, nadie podía creerlo. Lo cierto era que la piel aparentaba, estaba contenta por fuera, igual que vos Ámbar cuando esperas hamburguesas y te doy ensalada.

—Mentira mami, yo sonrío mucho.

—Bueno, lo mismo hacía la piel de esta chica, simulaba estar radiante, vivaz y por dentro tenía ganas de llorar, no se conformaba con hacer puchero, ¡no! Era mucho más, era la desolación invadiendo los huesos, infiltrándose entre los tejidos, ¡confundiendo! Desarmando las prioridades dejando que el humano haga lo que ame. ¡Descuidarse! No tenemos cuerpos fue perdiendo pobladores, nadie deseaba pasar por lo mismo, preferían en cambio, adentrarse en el nuevo mundo, ser conscientes de que la piel puede enloquecer y estremecerse en un segundo, hervir y congelar el alma a menudo, ser capitana y gobernadora de los pensamientos. Comenzaron a analizar la lista de prioridades. Y finalmente prepararon las maletas.

— ¿Y qué llevaron dentro de ellas?

—Un poco de coherencia, autoestima, prevención, y sobre todo compañía, para no abandonar ninguna parte del cuerpo, se compraron muchos libros y empezaron a estudiar biología. Olvidaron el azar, la suerte y aquello que describían como místico para que el médico no repita esa frase: “Señora el diagnóstico es malo.” Desapareció el olvido y apareció el cuidado, para evitar los rayos del sol en exceso y sobre todo para tener la consciencia tranquila de que nos preocupamos.

—Mami, ¿vos estuviste en ese pueblo?

—Todos estuvimos allí en algún momento, lo entretenido y lo valiente es salir de él. Y a vos chiquita hermosa te pido por favor que nunca se te ocurra viajar a “no tenemos cuerpos”, ¿me escuchaste?

—Si mami, abrazáme.

—Es lo mejor que puede hacerse con la piel, además de revisarse los lunares…


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